Hoy quiero presentaros a una mujer excepcional. Ella es Ginebra, tiene 27 años y es la mirada sensible detrás de @fotografiasalalba. Como fotógrafa especializada en newborn y familia, tiene un don especial para captar la ternura de los primeros días de vida.
Sin embargo, detrás de esa lente, Ginebra ha recorrido un camino personal intenso. Fue diagnosticada de autismo en marzo del año pasado y, lejos del alivio que muchas veces trae el diagnóstico, se encontró con la soledad de un entorno que no supo cómo acompañarla.
Nos conocimos en Madrid gracias a un proyecto precioso que tiene entre manos: un cuento para explicar la llegada de la menstruación. Al hablar, surgió la chispa: ¿Por qué no dar voz a las personas autistas para que nos cuenten, en primera persona, cómo viven su sexualidad y sus relaciones? Ginebra aceptó el reto. Aquí tenéis nuestra charla:
Una mirada personal sobre el autismo y el deseo
Ginebra, además de la fotografía, ¿qué otras cosas te apasionan? Mis intereses son muy claros: me encantan los bebés. Cualquier plan que los incluya me hace feliz. Pero también soy una persona de acción: me encanta salir en bici, pintar, el montañismo y compartir tiempo con mis amigos.
¿Cómo te definirías a ti misma en pocas palabras? Me defino como mujer autista y heterosexual. Quizás suena «aburrido» para los tiempos que corren, pero es quien soy.
Si echamos la vista atrás, ¿cómo fue tu educación sexual? Siendo sincera, no aprendí mucho. En el colegio hubo un silencio total. En el instituto, hacia los 14 años, nos pusieron un vídeo sobre la pubertad y la masturbación. Pero la formación fue muy sesgada.
Recuerdo que a las chicas nos daban un pene de silicona para aprender a poner un condón bajo la premisa de que «a los hombres les gusta que se lo pongan las mujeres». Me negué; no me gustaba ni la idea ni la textura, pero me presionaron mucho para hacerlo. En otra ocasión, unas charlas sobre machismo llegaron a decirnos literalmente que todas éramos lesbianas por querer a nuestras amigas. Fue una «burrada» que se me quedó grabada por lo absurdo del planteamiento.
Como experta, veo que faltaron pilares básicos. ¿Qué información te habría gustado recibir realmente? Me habría encantado que me hablaran de límites y del cuidado del cuerpo. Necesitaba saber qué es la violencia sexual, qué pueden y qué no pueden hacer contigo, y a dónde acudir si tienes un problema.
También hace falta naturalizar la menstruación mucho antes (a los 12 años ya llegamos tarde) y explicárselo también a los chicos. Si ellos supieran qué es la regla, nosotras no lo viviríamos como algo vergonzoso o tabú.
Para las personas que educamos y acompañamos a perfiles con TEA, ¿cuál crees que es la mejor forma de enseñar estos temas? Para mí, lo visual es clave. Aprendo mucho mejor con vídeos y de forma práctica. Pero hay algo más: la actitud de quien explica. Si no me transmites que lo que cuentas es importante o interesante, mi atención se desconecta.
¿En tu casa se hablaba de estos temas con naturalidad? ¡Qué va! En mi familia jamás se habló de nada: ni de la regla, ni de la pubertad… nada. Es muy triste porque te sientes navegando a ciegas.
Hablemos de las relaciones. ¿Cómo vives la amistad y el mundo de «ligar»? Las relaciones interpersonales son mi gran reto. No soy experta en hacer amigos, pero cuando conecto con alguien, los considero mis amigos enseguida. Confío en mi instinto para saber quién es de fiar, aunque sé que muchos están para los ratos buenos y desaparecen en los malos.
Respecto a ligar… nunca lo he hecho ni me interesa. Siento que ligar implica «hacer un papel» o fingir ser alguien más atractivo para llamar la atención. Yo no soy así. No busco pareja activamente; si tiene que llegar, llegará, pero será porque me quieran tal y como soy, sin máscaras.
Ginebra, muchas personas con autismo viven el mundo con una intensidad sensorial distinta. ¿Es tu caso? ¿Cómo afecta esa sensibilidad a tu forma de relacionarte físicamente?
Tengo hipersensibilidad y, sinceramente, es un factor determinante. Para que lo entendáis: detesto el contacto físico en general. Los abrazos, dar la mano, los besos… son estímulos que me resultan muy difíciles de procesar. Y, sobre todo, no soporto que me toquen sin avisar; me genera un rechazo inmediato.
Es curioso, porque con los animales y los bebés sí soy mucho más afectuosa. Siento que ellos nunca me han hecho daño y con ellos me resulta más fácil bajar la guardia.
¿Cómo influye esto en la intimidad o en una posible pareja?
Para que yo sea cariñosa físicamente, necesito sentirme extremadamente segura con la otra persona. Es algo tan difícil de lograr que, hoy en día, quien recibe un abrazo mío dado con gusto puede sentirse afortunado; es algo que no ocurre hace años.
Necesito que mi entorno entienda que mi cuerpo funciona así: tengo que estar preparada o desear ese abrazo para que no me duela. Puedo llegar a dar un abrazo si sé que la otra persona lo necesita (aunque me cueste un esfuerzo enorme), pero no quiero que se convierta en una costumbre o en una «regla social». Con los adultos, el contacto físico simplemente no es algo que me nazca o me guste.
Ginebra, en un mundo que parece moverse a través de aplicaciones de citas y encuentros rápidos, ¿cómo te posicionas tú?
Nunca he usado aplicaciones para buscar pareja. No es algo que necesite ahora mismo. De hecho, nunca me he enamorado y dudo que lo haga. Soy una persona rígida, con un control emocional muy riguroso; para mí, todo en la vida es un objeto de estudio.
A menudo, la gente se enamora del físico, se vuelven vulnerables y «tontos», perdiendo el control. Yo estoy obsesionada con el control y no me dejo marear por emociones que, a veces, no tienen sentido. Me parece que el enamoramiento a menudo es una venda que te impide ver los defectos, la inmadurez o el egoísmo de la otra persona. Para mí, los valores están siempre por encima de la belleza exterior.
Hablas con mucha honestidad sobre la intimidad. ¿Qué lugar ocupa el sexo y las relaciones en tu vida?
Nunca he tenido relaciones sexuales. Entiendo que es algo importante y placentero en una pareja, pero sé que me costaría mucho llegar ahí, no solo por el autismo, sino por vivencias pasadas de violencia sexual.
Si tuviera una pareja, ya fuera neurotípica o autista, lo más importante sería la comunicación y la sinceridad. Sin eso, estamos perdidos. Una vida sexual plena es aquella donde nadie se siente forzado, donde hay conocimientos para que todo sea seguro y donde el sexo no es lo primero ni lo único.
Esos valores chocan frontalmente con realidades como el porno, ¿verdad?
Totalmente. Nunca he consumido porno y creo que es desastroso. Genera una visión del sexo distorsionada y funciona como una droga que te pide cada vez más. Es una ilusión falsa, como el Photoshop. Quien tiene una adicción a eso, debería buscar ayuda profesional.
Después de todo lo que has aprendido, ¿te sientes capaz de identificar un riesgo de abuso?
Ahora sí. He aprendido que cualquier acto que ataque tu intimidad y tu cuerpo es violencia sexual, incluso si no hay contacto físico. Es algo que aprendí hace muy poco, pero que es vital saber.
Para terminar, Ginebra, ¿qué consejo le darías a un adolescente autista que está empezando a explorar sus relaciones?
Le diría que las personas son más importantes que el sexo. Que no fuerce nada y que no haga nada que no quiera hacer. Una relación sana es comunicación, empatía y respeto. Y, sobre todo, que no busque pareja solo por cumplir una norma social o por no sentirse «raro». Lo primero es cuidarse a uno mismo.
Lo que Ginebra nos enseña sobre el espectro
Escuchar a Ginebra es hacer un ejercicio de humildad para todos los que trabajamos o vivimos de cerca el autismo. Su testimonio derriba muros y nos obliga a replantearnos nuestras propias ideas sobre la normalidad.
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La sexualidad es identidad, no solo acto: Ginebra nos demuestra que decidir no tener sexo o no buscar pareja es una opción vital tan válida como cualquier otra. Su «asexualidad» o falta de interés romántico no es una carencia, es una forma de procesar el mundo basada en sus valores y su seguridad sensorial.
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La sombra del trauma: No podemos ignorar que su hipersensibilidad y su precaución están marcadas por experiencias pasadas de violencia. Esto refuerza lo que siempre digo: la educación sexual temprana es la mejor herramienta de prevención que podemos darles.
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La importancia de la literalidad y la lógica: Su rechazo al porno o al «juego del ligue» nace de una mente que busca la verdad y la coherencia. Ojalá muchos neurotípicos tuvieran esa claridad para priorizar los valores y el respeto sobre la superficialidad.
Gracias, Ginebra, por recordarnos que cada persona autista tiene su propio ritmo, sus propios límites y una forma única de ser íntegra. Tu voz es el mapa que muchas familias necesitan para entender que sus hijos no están «rotos», sino que simplemente necesitan un mundo más lento, más sincero y mucho más respetuoso.




