Cuando publiqué la entrevista de Ginebra, recibí un mensaje que me conmovió profundamente. Era Andrea, una joven de 23 años, autista, con discapacidad física y una claridad asombrosa. Me dijo algo que no pude ignorar: quería alzar su voz para que otras chicas no pasaran por el infierno que ella vivió.
En el blog de SexTEA, nuestra misión es que las personas autistas tomen la palabra. Andrea es una apasionada de la ciencia, la música y el activismo LGTBIQA+. Se define como una chica de género no conforme, asexual y arromántica. Pero, tras esa identidad tan definida, se esconde una historia que me dejó paralizada y que hoy, con su permiso, compartimos para generar conciencia.
Cuando el peligro está en quienes deben cuidar
A los 13 años, Andrea fue víctima de una manipulación cruel. Dos auxiliares a los que ella consideraba «amigos» comenzaron a introducir en su mente una idea devastadora: que su cuerpo pertenecía al placer del hombre y que debía satisfacerles por el hecho de ser mujer.
Aprovechándose de su cargo, de su discapacidad y, sobre todo, de su falta de educación sexual, uno de ellos abusó de ella en más de 20 ocasiones. Me llena de rabia y angustia escribir esto, pero es vital visibilizarlo: el 80 % de los abusos son cometidos por personas del entorno cercano.
El vacío de una educación que llegó tarde
Andrea no recibió su primera clase de sexualidad hasta los 17 años. Y, lamentablemente, fue una formación incompleta que se centró solo en el coito y las posturas, olvidando los pilares que le habrían salvado años atrás: el consentimiento y los límites.
«Si yo hubiera sabido que mi cuerpo es mío y que podía decir que no, quizá habría evitado ser víctima», afirma Andrea.
Fue en esa búsqueda de respuestas donde, de forma autodidacta a través de Google, descubrió el término asexualidad. Al leerlo, todo encajó: no sentir atracción sexual no era algo «malo» ni «roto», era una orientación válida.
Colores en el estómago y la lucha contra la superficialidad
Pese a su terrible experiencia, Andrea nos regala una forma preciosa de entender el amor. Afirma haberse enamorado en 8 ocasiones y lo describe como una explosión sensorial: percibe el color rojo burdeos y siente en el estómago la misma felicidad que si hubiera comido mil nuggets de chocolate.
Sin embargo, su camino en el mundo de las citas no ha sido fácil. Al probar aplicaciones como Badoo, se enfrentó a una discriminación múltiple (por su autismo, su altura, su tono de piel…). Para ella, el mundo del «ligue» y el lenguaje figurado son barreras que generan ansiedad. Por eso, prefiere rodearse de personas neurodivergentes o más jóvenes, donde se siente segura y libre de juicios.
La voz de Andrea: Consejos para el futuro
Para Andrea, existen tres ingredientes innegociables en cualquier relación: respeto, confianza y honestidad. Y tiene un mensaje muy claro para otros adolescentes autistas:
Tu sexualidad es válida: No es obligatorio que te guste el sexo. Lo que tú sientas (o dejes de sentir) está bien.
Tú eres dueña de tu cuerpo: «Ahora sé que mi cuerpo no es un objeto, que puedo consentir o no el acceso a él y que nunca debo hacer algo que no quiero».
Busca refugio: Si alguien te toca o te dice cosas que te incomodan, no es tu culpa. Busca a alguien de confianza y cuéntalo.
Por qué educar es una urgencia vital
Terminar de leer a Andrea nos deja el corazón encogido, pero la mente muy despierta. Como experta, su testimonio me reafirma en tres puntos clave que quiero que te lleves hoy:
La información es escudo: No podemos esperar a los 17 años para hablar de consentimiento. La educación sexual debe empezar en la infancia, con pictogramas e historias sociales, enseñando que el cuerpo es un territorio privado y sagrado.
Cuidado con las figuras de autoridad: El abuso por parte de personas cercana es una realidad que debemos vigilar con protocolos estrictos. La discapacidad no puede ser una «oportunidad» para el abusador.
Validar la diversidad: Ser asexual o arromántico en una sociedad hipersexualizada es un reto de salud mental. Necesitamos que nuestros jóvenes sepan que la asexualidad es una opción tan sana y plena como cualquier otra.
Gracias, Andrea, por tu valentía. Tu historia ya está ayudando a que muchas otras chicas no tengan que caminar por donde tú lo hiciste. Tu voz es luz.




