Sexualidad y autismo

Es imposible no ser sexuado ya que es algo intrínseco del ser humano. La sexuación es el conjunto de fases biológicas y psicológicas que contribuyen a la caracterización de la sexualidad de los individuos de una especie, tanto su sexo genético, biológico y fisiológico como su sexo psicológico, identidad sexual o su orientación sexual.

Existe una pregunta que todavía flota en el aire y que debemos abordar con valentía: ¿Por qué a veces nos cuesta tanto imaginar que una persona con autismo tiene deseos, inquietudes o una vida sexual? A menudo, la sociedad cae en el error de infantilizar a las personas dentro del espectro, como si su condición borrara su naturaleza humana. Pero la realidad es innegable: ser humano es ser sexuado. La sexualidad no es algo que se «active» o se «tenga», es algo que somos desde que nacemos hasta que morimos.

Expandiendo nuestra mirada: La sexualidad no es solo un acto

Quizás el problema es que, cuando pensamos en «sexo», nuestra mente viaja directamente al coito. Pero, como experta, te invito a ampliar el foco. ¿Dónde quedan las caricias? ¿El valor de un beso? ¿El autodescubrimiento y el placer propio?

Si nuestra visión es limitada, es porque probablemente nosotros también crecimos con una educación sexual escasa o sesgada. Por eso, es vital entender que la sexualidad es un abanico inmenso que incluye:

  • Identidad: ¿Quién soy? Es la percepción íntima del propio género (sentirse hombre, mujer, persona no binaria…).

  • Orientación: ¿Quién me atrae? El mapa de nuestros afectos y deseos (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, entre otras).

  • Expresión: ¿Cómo lo manifiesto? Todo aquello que decimos o hacemos relacionado con el sexo, desde el discurso hasta la masturbación o el uso de juguetes eróticos.

  • Vínculo y Placer: ¿Cómo me relaciono? Los besos, la piel con piel, el sexo oral o el coito; momentos donde el afecto y la intimidad se encuentran.

Reconocer su derecho es reconocer su humanidad

Negar la sexualidad de una persona con autismo es, en esencia, negar una parte fundamental de su identidad. Tienen deseos, necesidades y derecho al placer, exactamente igual que cualquier otra persona.

Es cierto que, en ocasiones, el autismo puede hacer que comprender las normas sociales o expresar el deseo sea un reto mayor. Por eso, nuestra labor como padres, educadores y profesionales no es prohibir o silenciar, sino acompañar.

Nuestro papel es proporcionarles la brújula: una información clara, adaptada y honesta que les permita explorar su sexualidad de manera segura, saludable y, sobre todo, feliz.

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